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¿Qué es de la Universidad Privada?

Es común que durante alguna coyuntura que emprende acciones lesivas contra la educación  e inclusive, de forma más amplia, contra el pueblo en su generalidad,  la universidad pública se pinte de rebeldía, que proliferen sin espera los canelazos, estampados, charlas, debates e incluso las tomas y los tropeles que acompañan el contenido de esos mensajes que acuden a las paredes de los edificios de clase para ser expuestos.

Es usual también que en las asambleas estudiantiles, profesorales o tristamentaria, e incluso en las reuniones por departamentos y facultades se marquen las rutas de acción que irán desde jornadas informativas acompañadas de música y bloqueos hasta paros indefinidos que sólo se levantarán en vísperas de alguna victoria política. Así es como se configura la acción política en la universidad pública, entre una activa mezcolanza  que incluye movilizaciones, plantones, volantes, revistas, performances, tropeles y tokes  ¿PERO  QUÉ ES DE LA UNIVERSIDAD PRIVADA?

Nuestra situación, la de las estudiantes de las universidades privadas, es bastante disímil, empezando por el mismo hecho que mientras en las públicas la mayoría de  estudiantes, después de haber bloqueado los edificios,  se movilizan contra una reforma educativa o el Tratado de Libre Comercio, en las privadas las pocas que nos logramos movilizar  buscamos formas ingeniosas para poder hacerlo sin ver afectado nuestro rendimiento académico, no siempre tenemos éxito.  

Mientras las estudiantes de las públicas entran en asambleas permanentes, nosotras nos esforzamos por pedir algún salón, o en muchos casos ocuparlo, para reunirnos con la esperanza de al menos igualar la cantidad de asistentes que se presentan en las asambleas estudiantiles que son celebradas en las universidades públicas (a las que por curiosidad hemos asistido, y si no al menos lo hemos escuchado) o por lo menos lograr multiplicar un mensaje, generar un debate, una discusión, generar acciones.

Sin embargo, la realidad es que en la mayoría de Privadas las comodidades de la gran parte de estudiantes que logran pagar (algunos sin mayor esfuerzo) una matricula que supera con creces los dos millones de pesos, sólo les permite pensar en el bar en el que contemplarán el partido de la selección para descansar de una ajetreada semana o en el que se embriagaran para celebrar alguna victoria académica, o sin mas parafernalia solo piensan en un futuro con un cartón académico que les asegure un porvenir “bien vivido”.  Ha decir verdad, la apolitización ha hecho que los bares y las discotecas se colmen  de estudiantes de estas universidades mientras las reuniones y asambleas apenas logran llenar un salón en época coyunturales.

Muchas compañeras no se sienten identificadas con el problema, cuando la mercantilización de la educación (la nuestra, la de todas) permea cada esfera en la que nos encontramos. Cuando la falta de presupuesto al bienestar no nos deja ser como nos pensamos, o la subcontratación en los servicios de aseo, alimentación y vigilancia nos impide luchar por lo que creemos, cuando no nos reconocemos como parte de un lugar, de un proceso, de una dinámica social; cuando nos sentimos democráticos por votar electrónicamente por personas que son totalmente ajenas a nosotras y a nuestras preocupaciones.

Ante esto nos pronunciamos, y es que las universidades privadas sí prestan los espacios, si abren las puertas de sus auditorios, definitivamente lo hacen pero únicamente a las empresas, corporaciones y uno que otro simposio financiado y con intereses meramente academicistas que no muestran un debate amplio, ni promueven el pensamientos crítico, les basta con presentar a sus mas famosos egresados en una relación nula entre academia y sociedad que con bonitas palabras y frases de cajón promueven una “educación integral”.

Por otro lado, a la indiferencia y apatía de las estudiantes se aúna el control y la vigilancia, la cual en ciertos casos alcanza niveles tan fuertes que impide elaborar reuniones en salones de clases, pegar carteles que usualmente no duran más de un día e incluso mas de un par de horas, ni siquiera se permite poner música para acompañar los pocos eventos que se logran organizar, los que usualmente no van más allá de un canelazo, alguna jornada de estampados, reunión informativa, cine-foro o cualquier otra semilla de organización.

Es una entelequia pensar en bloqueos o en formas organizativas con niveles de impacto más fuertes que logren ejercer presión contra las arbitrariedades que desde la administración se imponen, como lo son las crecientes colocaciones de cámaras aun cuando arguyen que no hay dinero para video beans o para proyectos culturales o deportivos, el recorte de las semanas de clase para cumplir el mínimo exigido por el Ministerio de Educación o inclusive el aumento progresivo de matriculas que ni siquiera corresponde con la calidad educativa que debería otorgarse. En notorio que  la universidad privada también lo es para nosotras sus estudiantes.

Aun así, la deprimente situación no ha impedido que nos movilicemos junto a las públicas e incluso junto a las trabajadoras, las campesinas, las indígenas, en definitiva, con el pueblo, al cual pertenecemos y al que reconocemos como el autentico sujeto de transformación. Tampoco ha impedido que propongamos desde nuestros procesos alternativas para la construcción de una nueva educación, por lo menos en nuestras luchas por la recuperación de espacios. Nuestra causa es también la de la construcción de una universidad distinta que le haga frente  al modelo de universidad privada al servicio del gran capital transnacional y al modelo de acumulación, poco a poco intentamos construir junto a la comunidad educativa nuestro sueño de la educación  libertaria y popular.

Las palabras anteriormente escritas adquieren valor cuando se avizoran los ejemplos que presentan las universidades de la Salle, la Santo Tomas, la Libre, la Central, la Gran Colombia que enfrenta una dura situación en estos momento y un largo etcétera en el que incluso figuran universidades que suelen ser vistas con incredulidad por su marcada condición de clase, como han sido los Andes, la Rosario, el Externado y la Javeriana.  Aunque hace falta avanzar en las discusiones políticas, e incluso en la misma politización tanto de estudiantes como profesoras y trabajadoras, empero los cimientos se están construyendo y son la muestra de que la lucha también se lleva en los escenarios de la educación privada.

Tenemos la responsabilidad de pintar de rebeldía la universidad privada, demostrar que en las privadas también se escucha ¡Arriba las que luchan!

 

Grupo Estudiantil Anarquista
Universidades Privadas en Pie de Lucha

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