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Tercera Sesión del FEL: BS 2013 I – Naturalización de la Violación. Medios de Comunicación y Manipulación de Imaginarios Populares.

Medios de Comunicación, Manipulación y Poder

 “Los medios son, en su conjunto, un factor de despolitización, que actúa evidentemente de una manera prioritaria sobre las fracciones más despolitizadas del público, más sobre las mujeres que sobre los hombres, más sobre los menos instruidos que sobre los más instruidos, más sobre los pobres que sobre los ricos” – Pierre Bourdieu- [1]

“Los medios son propiciadores de la clase dominante. Cualquier alternativa que escojan lo hacen en función de cual puede salvaguardar de mejor manera los intereses de la clase dominante” – José Antonio Gutierrez [2]

Los medios de comunicación, desde su nacimiento hasta nuestros días, han ayudado a perpetuar un orden socio-económico injusto e infame que privilegia a unos pocos mientras mantiene a la mayoría en la sumisión, la miseria y el dolor. Como aparato ideológico de persuasión del Estado y como garante de los privilegios de los capitalistas, esos medios del engaño y las mentiras vienen ejerciendo una guerra simbólica contra todas aquellas que han levantado su voz de protesta contra el sistema de dominación y explotación actual, mostrando su arrodillamiento a los dictámenes de los dueños del poder. Además de deslegitimar las justas luchas del pueblo oprimido y de perseguir al pensamiento crítico, los medios de desinformación al servicio del capital crean una realidad imaginaria que pretende ocultar la desigualdad social producida por el enriquecimiento de la clase burguesa; la guerra sanguinaria llevada a cabo por los cuerpos represivos no solo contra la insurgencia sino contra las clases subalternas del campo y la ciudad como se evidencia en el asesinato de campesinas, indígenas, trabajadoras y jóvenes desempleadas de los sectores más marginados; la avaricia y la destrucción socio-ambiental de las multinacionales imperialistas que roban nuestros recursos naturales; el fortalecimiento y la existencia de la herramienta paramilitar que sigue persiguiendo, asesinando y amenazando sindicalistas, profesoras universitarias y estudiantes; la agudización y perpetuación de la lucha de clases reflejada en las condiciones laborales deplorables soportadas actualmente por el proletariado como reflejo de la llegada de  la tercerización, flexibilización y precarización neoliberal; la miseria y ruina del campesinado como consecuencia de las políticas imperialistas evidenciadas en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos; y la privatización de la salud, la educación y algunos servicios públicos.

Sin embargo esos medios que son controlados por grandes capitalistas como el difunto Julio Mario Santodomingo y Carlos Ardila Lulle, tienen una larga historia que refleja la fiel alianza que ha existido entre los medios de comunicación, el capitalismo y el Estado.

Televisión en Colombia. Una historia de la perversa alianza entre el Estado y el capital por el control de los medios de comunicación  

La televisión en Colombia surge de la necesidad de defender los intereses particulares del Estado y el gran capital pues se veía a este modelo ideológico de idiotización como creación de nuevas visiones y mentalidades referidas a la obediencia y el consumo. Después de la crisis capitalista de 1929 se va a crear un modelo de Estado intervencionista en la economía, la sociedad y la cultura en los países imperialistas y dominados.  Este Estado de bienestar se reflejará en su máxima expresión durante la dictadura de Rojas Pinilla que tendrá  la oportunidad de crear un sistema mixto en el control de la televisión donde los particulares (programadores, anunciantes) tendrán una participación importante más no decisiva pues el Estado será el dueño del monopolio de la información. Esos años serán importantes para la industria y el mercado colombiano pues habrá un gran avance en el desarrollo de las fuerzas productivas de diferentes sectores económicos. De esta manera la televisión tendrá como objetivo cambiar la mentalidad tradicional de la colombiana por una mentalidad ligada al capitalismo y al consumo inconsciente de productos inservibles. Igualmente ese medio de embrutecimiento difundirá la ideología dominante y la figura de líder carismático representado en Rojas Pinilla.

Con la llegada del frente nacional, donde los partidos tradicionales se distribuyeron el poder por más de 16 años, las empresas privadas intervendrán en la realización de los programas de televisión más no podrán quitarle el dominio al Estado.

Por otra parte, en la década del ochenta se dará concesión de los espacios de TV a los partidos liberal y conservador, y habrá una Comisión para la Vigilancia de este medio de comunicación donde se ratificaba la propiedad exclusiva del Estado sobre los canales radioeléctricos usados en cualquiera de las modalidades tecnológicas de emisión o de transmisión

Con la constitución del 91 el Estado conservaría su capacidad de dirección y de control pero también los particulares encontrarían la seguridad de desarrollar sus iniciativas pues: “dos elementos nuevos tendrían desarrollo: uno, la televisión por suscripción con organizaciones privadas; y dos, la autorización de funcionamiento de antenas parabólicas que podían “bajar” programas de satélite y ponerlos a circular en conjuntos de apartamentos, centros comunales o, incluso, pequeñas comunidades locales.” [3]

A mediados del noventa y como claro síntoma de la llega del modelo neoliberal al país se crearán las primeras dos cadenas de TV privadas en la historia de Colombia: Caracol y RCN. Ese perverso día cambiará el modo de vida de la colombiana pues se agudizará la difusión de la ideología dominante imperialista basada en el individualismo y la competencia.

Además esa autonomía de los medios privados de comunicación traerá consigo el lucro a través de programas estúpidos en busca de cautivar la audiencia y acumular capital. Al respecto el sociólogo colombiano Milcíades Vizcaíno afirmará que:

Los ejemplos (de programas) que se muestran son la introducción de telenovelas light, desechables, ligeras, de         contenidos banales, superficiales, de entretenimiento fugaz y de renuncia a telenovelas de contenido, argumentales, de fondo, literaria y estéticamente cuidadas, de cultivo del espíritu y fuertes culturalmente. Otro ejemplo son los programas de miniseries que han desaparecido de las parrillas y que se consideran un género valioso que se ha perdido. Un ejemplo más, y el más polémico, es la inclusión de los realities en la programación por su superficialidad, escaso valor artístico y cultural y su carácter efímero. Por sobre todo, la crítica está apuntando hacia el afán de acumulación de capital, no importa los medios utilizados para cautivar al televidente. [4]

Medios de comunicación y guerra 

Esos dos canales privados nacerán, en las negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla en 1998, para crear odio en las clases oprimidas contra los grupos subversivos pues  difundirán una nueva ideología de la guerra con un nuevo discurso basado en la lucha contrainsurgente; lo que después de los sucesos que ocurrieron en Estados Unidos en 2001 se llamará lucha contra el terrorismo. [5]

La guerra mediática protagonizada por Caracol y RCN es fiel reflejo de un proceso de satanización contra el disentimiento social y de aceptación de una verdad única enraizada en la población a través de la conversión del entretenimiento como negocio y así desviar la atención y para ocultar la verdadera cara asesina de este Estado mafioso y de los horrores económicos, sociales y políticos cometidos por la burguesía. Por otro lado,  se pretende dotar de un pensamiento acrítico a la sociedad para mantener el orden establecido en beneficio de los dueños del capital por medio de programas que  hieren los sentimientos del pueblo oprimido colombiano quien desahoga sus ánimos y se escapa de su realidad de completa miseria y esclavitud salarial.

Al respecto el periodista colombiano Alexander Escobar dirá que:

La realidad editada y tergiversada en formatos agradables a los ojos, los oídos, y la manipulación del corazón, resulta más entretenida que una realidad no-editada. La sociedad se vuelve adicta a la vida representada, mas no vivida. Cinco horas de magazín en las mañanas, una televisión sin angustias, sin debates sobre los problemas sociales, reemplaza el tiempo de la vida en la calle, y desalojan en forma dramática el pensamiento y la acción para transformar la sociedad. Es un monopolio de la audiencia donde se imponen discursos con intereses definidos. No son temas para solucionar los problemas del pueblo, sino temas para sostener los intereses de los dueños del capital, que a su vez, y sin descaro alguno, también son propietarios de los medios. Son ellos quienes definen qué es “lo bueno” y qué es “lo malo”

Esa dicotomía entre lo bueno y lo mano se manifiesta en las declaraciones contra todo aquel que salga a las calles a gritar contra el régimen. No es extraño las declaraciones hechas  en noticias por los medios de comunicación de la oligarquía colombiana ya que ellos pretenden mantener el orden económico-social actual y tratan de violentos a todo movimiento social que exija sus derechos sociales, económicos y culturales, pues “esos grupos económicos dominan los medios de comunicación, ahora en alianza con el capital español, y por eso en Colombia, dos canales de televisión privados, dos cadenas  de radio y un periódico de circulación nacional dictaminan qué se dice y se piensa en nuestra sociedad. Es una dictadura mediática de los grandes grupos económicos, a través de sus empresas periodísticas, que configuran un cartel de terrorismo ideológico y cultural y son los puntales de la guerra informativa contra la población” [6] como asegura el profesor e historiador colombiano Renán Vega.

El embrutecimiento de masas a través de imágenes difundidas en Televisión 

Hay que reconocer, por otro lado, el proceso de reestructuración capitalista que tuvo su primera experiencia de ensayo y error con el golpe de Estado contra Salvador Allende y la posterior dictadura militar de Augusto Pinochet y que ha sido ayudado por el poder mediático a través de la creación de un pensamiento acrítico, indiferenciado y único que ofrecen las grandes corporaciones mediáticas a sus espectadores, con una programación que sirve para mantener a las masas hipnotizadas y manipuladas. Esta programación, especialmente la de los telediarios, está llena de amarillismo en casi toda su totalidad, a lo que algunas teóricas de la comunicación han llamado las tres eses (sexo, sensacionalismo y sangre)[7] o como dice Ignacio Ramonet “una información televisada es esencialmente un divertimento, un espectáculo que se nutre fundamentalmente de sangre, de violencia y de muerte” [8], lo que conduce a la distracción de la mente de los individuos.

Según Pierre Bourdieu “la televisión posee una especie de monopolio de hecho sobre la formación de las mentes de esa parte nada desdeñable de la población. Pero al privilegiar los sucesos y llenar ese tiempo tan escaso de vacuidad, de nada o casi nada, se dejan de lado las noticias pertinentes que debería conocer el ciudadano para ejercer sus derechos democráticos.”[9]

Ese poder mediático muestra su verdadero rostro criminal en los noticieros nacionales e internacionales que han financiando simbólicamente guerras como la de Vietnam[10] a mediados del siglo XX, el Golfo Pérsico en 1991 o la ofensiva yankee en Irak en 2003.

Pero para dar luces sobre el por qué de la utilización de los medios de comunicación como germen de embrutecimiento para las clases oprimidas debemos  tener en cuenta los planteamientos de Antonio Gramsci que ya, a mediados del siglo XX, rebelaba las verdaderas intenciones del capitalismo y los  Estados oligárquicos a través de la hegemonía y la unión entre estructura/superestructura.

Hegemonía y  bloque histórico

Los análisis de los medios como aparato ideológico del Estado no deben desligarse del concepto de hegemonía promulgado por el filósofo marxista italiano Antonio Gramsci. Este concepto hace referencia a la capacidad de las clases dominantes de unificar por medio de la ideología a la sociedad. De esta manera los poderosos establecen un liderazgo político, moral e intelectual  sobre sectores subordinados impidiendo que las fuerzas sociales (proletariado, campesinado) estallen y se alcen en armas contra el Estado y el capital.

Este concepto gramsciano que muestra el poder de la burguesía a través de la ideología no se podría entender sin otro término importante: bloque histórico. Éste intenta destruir el materialismo economicista de algunos marxistas que intentan dar primacía a la estructura económica  sobre la superestructura política, jurídica y cultural olvidando que el poder de la burguesía sobre el proletariado en el modo de producción capitalista no puede estar condicionado solo por el control coercitivo de los aparatos represivos del Estado sino que también debe estar condicionado por la hegemonía ideológico-cultural a través de la iglesia, la organización escolar y la prensa[11]. Este último aspecto es importante para analizar el poder e incidencia del Estado en los medios de comunicación.

Reflexión final

El imperialismo neoliberal ha intensificado las luchas sociales de las masas desposeídas pero los medios de desinformación masiva en manos del gran capital y el Estado colombiano deslegitiman y ocultan esas gestas libertarias con noticias fantasiosas que confunden al pueblo y hacen que éste desconozca las luchas de sus hermanas por un nuevo modelo de sociedad. De igual manera, los medios tienen cada día más poder en la sociedad actual y sus dueños son grandes magnates que poseen todos los instrumentos y medios de producción y explotan a millones de personas con salarios de hambre y condiciones de trabajo infrahumanas. Son los medios de comunicación al servicio de las elites mundiales los que, a través de un lavado de cerebro inconsciente con telenovelas, futbol y concursos estúpidos, contribuyen a la pasividad de las clases explotadas frente al sistema capitalista actual.

No obstante existen millones de personas que se informan a través de medios alternativos, y son ellos los que protagonizan las más grandes manifestaciones alrededor del mundo. Por lo anterior, es necesario repensar el papel de los medios de comunicación para evidenciar la lucha emprendida por las clases oprimidas en busca de una transformación radical.

____________________________________

[1] Bourdieu, Pierre. Contrafuegos. Editorial Anagrama S.A. 1999. Páginas 111-112

[2] Gutiérrez, José Antonio.  Colombia: Estado mafioso, democracia vaciada de contenido y concentración oligopólica de los medios de comunicación. Entrevista realizada por Dax Toscano Segovia. 24 de Febrero de 2012. Disponible en ww.lahaine.org.

[3] Milcíades Vizcaíno. La legislación de televisión en Colombia: entre el Estado y el mercado en Historia Critica. No. 28. Bogotá. Universidad de Los Andes. 2005. Páginas 127-152.

[4] Ídem.

[5] En esta parte hay que reconocer que el nuevo lenguaje imperial, en palabras de Bourdieu “la nueva vulgata planetaria”, ha permitido crear nuevos conceptos para mantener el statu quo y las riquezas de las clases dominantes. Al respecto ver Pierre Bourdieu. Pensamiento y Acción. Libros del Zorzal. Buenos Aires. 2002.

[6]Vega Cantor, Renán. Colombia: El pensamiento crítico en un mundo incierto. Texto leído en la ciudad de Caracas, el 7 de Agosto de 2008 en ocasión de la recepción del Premio Libertador al pensamiento crítico. http://www.herramienta.com.ar.

[7] León, Osvaldo; Burch, Sally; Tamayo, Eduardo. Movimientos sociales y comunicación. Quito. Agencia Latinoamericana de Información, ALAI. 2005. Página 84.

[8] Ramonet, Ignacio. La tiranía de la comunicación. Debate. 1998. Página 76.

[9]Bourdieu, Pierre. Sobre la televisión. Editorial Anagrama S.A. 1997. Página 23.

[10] “Lo que hace su aparición con la guerra de Vietnam es la presencia de la televisión, proporcionando imágenes casi instantáneas de la guerra, que van a producir efectos fuertemente contradictorios en la población norteamericana” dirá Jesús Martin Barbero en una entrevista realizada para la Revista de Estudios Sociales de la Universidad de Los Andes en Octubre de 2003.

[11] Al respecto ver Antonio Gramsci. El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Lantauro. 1958; Carlos Emilio Betancourt. Gramsci y el concepto del bloque histórico en Historia Critica. No. 28. Bogotá. Universidad de Los Andes. 2005; Luciano  Gruppi. El concepto de Hegemonía en Gramsci. Ediciones de Cultura Popular. México. 1978.

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