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8 Y 9 DE JUNIO. RECORDANDO EL DÍA DEL ESTUDIANTE COMBATIVO Y REVOLUCIONARIO

“Si vivamos que sea por lo menos para vengar la sangre de los
muchos caídos, de los miles de mártires” – Solano Palacio

8 y 9 junio

La rebelión es un acto de insumisión contra lo que nos oprime expresándose en una incesante búsqueda por aquella libertad que ha sido robada y pisoteada por quienes poseen el poder político y económico, estando presente en la mente y las acciones de todas aquellas que históricamente han sido explotadas alzándose contra las clases dominantes en su lucha revolucionaria por construir un mundo sin dominación ni humillación. Este alzamiento de las clases desposeídas por libertad e igualdad ha tenido, en muchas ocasiones, el apoyo del estudiantado reflejándose en marchas, protestas y comunicados evidenciando su solidaridad y fraternidad 1. Sin embargo, la creación de esa unión obrera-estudiantil ha sido reprimida por la violencia estatal al servicio de las mafias económicas que, en su ánimo de acumular capital, han venido silenciando las voces disidentes que salen a las calles, se toman las universidades, se organizan en sindicatos o muestran una actitud distinta a la deseada por la ideología burguesa.

Lo anterior se evidenció la noche el 7 de junio de 1929 2 cuando las balas asesinas del régimen conservador a cargo de Miguel Abadía Méndez perforaron el corazón libertario del estudiante Gonzalo Bravo Páez, quien participaba de las protestas que tenían como objetivos principales mostrar la inconformidad del estudiantado y otros sectores del pueblo contra la llamada “rosca” 3 al mismo tiempo que repudiaban la masacre contra las obreras de la United Fruit Company, quienes cayeron asesinadas por los fusiles del ejército colombiano al servicio del imperialismo estadounidense.

25 años después, el 8 de junio de 1954, el Estado asesino colombiano a manos del dictador militar Gustavo Rojas Pinilla acabaría con la vida de Uriel Gutiérrez, estudiante de la Universidad Nacional, cuando se conmemoraba una marcha en memoria de Bravo Páez. Ese día, después de caminar hacia el cementerio central, las estudiantes regresarían a la universidad a pasar la tarde; sin embargo, y posterior a la orden de desalojo por parte de la policía, llegaría un camión del ejército disparando indiscriminadamente contra los individuos que se encontraba dentro del campus.

Al día siguiente, el 9 de junio de 1954, el estudiantado de distintas universidades saldría a marchar hacia la plaza de Bolívar para expresar su rechazo con lo acontecido, pero serían detenidas por el batallón Colombia 4 a la altura de la avenida Jiménez, quien empieza a abrir fuego contra las manifestantes dando como resultando el asesinato de 10 compañeras más 5.

Ellos, junto a Gonzalo Bravo Páez y Uriel Gutiérrez, serán recordados no solo por dar su vida a la rebelión estudiantil sino por creer en la transformación social y radical de un sistema injusto que sigue provocando miseria, dolor y muerte, pues hoy como ayer, el Estado y sus herramientas represivas al servicio del gran capital, además de ayudar a aumentar y perpetuar las desigualdades sociales, siguen persiguiendo, amenazando y asesinando a las estudiantes que día a día alzan sus voces en universidades públicas y privadas como territorios de lucha organizando barricadas de dignidad y esperanza.

Solo hay que recordar la muerte de Luis Fernando Barrientos en 1973, Jesús Humberto León Patiño en 1984, Tomás Herrera Cantillo en 1987, Beatriz Eugenia Sandoval Sáenz en 1991, Gustavo Alfonso Marulanda en 1999, Carlos Giovanny Blanco en 2001, Jaime Alfonso Acosta en 2002, Jhony Silva Aranguren en 2005, Óscar Leonardo Salas Ángel en el 2006 y Jan Farid Cheng Lugo en el 2011, entre otras más, para entender que la represión contra el movimiento estudiantil no ha terminado y se ha venido agudizando durante las últimas décadas con el surgimiento del paramilitarismo y del escuadrón de la muerte (Esmad) 6 que continúan hostigando al pensamiento crítico para mantener el statu quo en beneficio de la oligarquía criminal y el imperialismo extranjero.

No obstante los hechos ocurridos el 8 y 9 de Junio sumados a los crímenes de Estado nos deben fortalecer en nuestra lucha por una educación digna conquistada a través de un compromiso radical en pos de una sociedad libertaria caracterizada por cambios estructurales en el sistema socio-económico y político actual. De la misma manera el asesinato de Bravo Páez a finales de la década del veinte nos debe recordar la importancia de la alianza que debe existir entre el movimiento estudiantil y los demás sectores sociales explotados, pues hoy más que nunca indígenas, campesinas, obreras y desempleadas han salido a las calles y campos a protestar contra el modelo neoliberal, por lo tanto, es nuestro deber apoyarlas avivando su digna rabia.

Para finalizar, no sobra recordar que la universidad mercantil arrodillada a los dictámenes del gran capital deberá ser derribada en aras de la construcción de una universidad al servicio de las oprimidas dotando a la sociedad de mentes críticas y transformadoras, y no, entes que determinan su existencia en la consecución de un cartón.

Imagen1___________________________

1: Por ejemplo, el mayo francés acontecido en 1968 resultó ser la más clara manifestación de la unidad entre estudiantes y obreras, pues tanto sindicatos como universidades se tomaron las calles de París y realizaron huelgas, marchas y actos públicos contra las medidas arbitrarias adoptadas por el Estado francés que privilegiaba una sociedad autoritaria, capitalista y represiva.

2: Anterior a ese fatídico día se había producido en el estudiantado un fervor revolucionario ocasionado por la reforma universitaria de 1918 que había proclamado la necesidad de la vinculación de las estudiantes a las luchas de la clase obrera, lo que desembocaría en la marcha del 6 de Junio donde las universidades junto a las trabajadoras y las comerciantes se tomarían la ciudad de Bogotá. Del mismo modo, el 7 de junio en horas de la tarde, las estudiantes organizarían brigadas móviles que se enfrentarían con la policía y mostrarían la fuerza del movimiento ocasionando la renuncia de varios miembros de la “rosca”.

3: La llamada “rosca” la conformaba la burocracia conservadora en el poder: Arturo Hernández (Ministro de Obras Públicas), Ignacio Rengifo (Ministro de Guerra), General Carlos Cortés Vargas (Director General de la Policía), Ruperto Melo (Gobernador de Cundinamarca), Hernando de Velasco (Gerente de la Empresa Municipal del Tranvía de Bogotá) Alejandro Osorio (Gerente del Acueducto de Bogotá)

4: Hay que recordar que este batallón es tristemente recordado por su participación en el asesinato de cientos de asiáticos en el periodo 1951-1954 cuando apoyaba al ejército imperialista de Estados Unidos en la guerra de Corea.

5: Hernando Ospina López, Hernando Morales Sánchez, Rafael Sánchez Matallana, Elmo Gómez Lucich, Álvaro Gutiérrez Góngora, Juan Pacheco Grijales, Hugo León Velásquez y Jaime Moore Ramírez serán los nombres de los estudiantes masacrados por el ejército el 9 de junio de 1954.

6: Si en el pasado fue el ejército quien masacraba estudiantes, en la actualidad el Esmad es el cuerpo estatal encargado de acabar con la vida de cientos de revolucionarias.

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