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¡No a la pedagogía del taladro!

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El taladro es una herramienta inventada por los seres humanos hace varios siglos que posibilita la elaboración de agujeros cilíndricos en superficies o materiales en los que sin dicho utensilio sería imposible penetrar de manera precisa y tecnificada como sucede en la actualidad. Partiendo de tal enunciado, nos propondremos brevemente hacer una analogía sobre la funcionalidad de este instrumento con respecto al modelo educativo-social-político autoritario que se viene inoculando en la Universidad Distrital. Para tal fin, nos referiremos tanto a expresiones macro como aquellas concernientes a la reforma académico-administrativa, y a su vez, otras de un carácter mucho más cotidiano y poco perceptible. La escogencia de unas y otras obedece a su constitución de manifestaciones diversas e interdependientes de una totalidad: el ejercicio del poder vertical.

1. La reforma que deforma:

No hacía falta invocar facultades de pitonisa para predecir que la hermética y despótica ralea que gobierna en la Universidad Distrital aprovecharía algún momento de reflujo en la comunidad de dicha institución para imponer de manera solapada las directrices que permitan continuar subyugándola a sus intereses mezquinos como se evidencia por estos días. En efecto, desde el mismo instante que salieron a la luz pública múltiples propuestas de reformar orgánicamente el corpus de la institución el año pasado, algunas[1] estudiantes y docentes mostramos una profunda preocupación ya que nada de lo propuesto correspondía a las necesidades reales de la Universidad, razón por la cual, no se dio a esperar la promoción de una activa movilización mediante espacios de discusión, asambleas, jornadas de agitación, entre otras, que nos permitieran encontrarnos y mancomunadamente hacer de la participación un ejercicio viviente que contrarreste la política de negación[2] que impera en el CSU al desconocer a la comunidad universitaria como constituyente primario, y por ende, como máxima instancia para la decisión de su porvenir.

Aunque en la actualidad se pueda afirmar que existe un avance frente a la concientización frente a los perjudiciales efectos que trae consigo la implementación de la reforma bajo los acuerdos 008 y 009 en amplios sectores de la comunidad universitaria, es igualmente cierto, que en la gran mayoría de casos el análisis aún resulta bastante superficial frente a las implicaciones de fondo que trae consigo esta problemática. En concordancia con ello, cobra vigencia señalar el primer ejemplo de la pedagogía del taladro al que haremos referencia: la reforma responde a un modelo Taylorista[3] aterrizado en el ámbito de la educación pública. Desde esta perspectiva no debe sorprendernos el carácter autoritario e inconsulto de la reforma ya que desde los postulados Tayrolistas quienes diseñan y deciden sobre los procesos son las tecnócratas especializadas para dicha labor, en nuestro caso, es la versión tropical y empresarial que pulula en el CSU para quienes el resto de estamentos de la Universidad Distrital somos simples operarias de una cadena de montaje (así conciben la educación) a las cuales no se les debe explicación alguna. De ahí que la propuesta de reforma carezca de un soporte investigativo y epistemológico serio ya que a lo único que responde es a los bolsillos de los múltiples sectores parasitarios interesados en sacar provecho de la Universidad aún a costa de su inminente usurpación.

Así pues, la pedagogía del taladro impartida por el CSU busca agujerar la estructura de la Universidad para ser rellanada tecnocráticamente de manera que se encuentre lubricada y lista para ser parte del mercado global de servicios educativos en un claro contexto de reacomodamiento del sistema capitalista a escala planetaria. Esto no podría ser posible sin la vulgarización del concepto de autonomía universitaria, que tal como se plantea en la reforma, no es otra cosa que el libre albedrío de los paladines del autoritarismo administrativo para hacer cuanto se les venga en gana ensanchando las ya fétidas filas del aparataje burocrático con un desproporcionado ordenamiento de la Universidad en una lógica de sistemas, subsistemas, consejos, claustros, entre otras dependencias, lo cual a la postre según ha sido la historia de la UD, significará una bacanal de asignación de cargos a punta de la nociva “dedocracia”[4] que tanto le cuesta a la comunidad universitaria año tras año. De manera que resulta una completa ofensa que desde el Concejo Superior Universitario se hable de promover el diálogo, la concertación y la justicia social, cuando además de imponer una reforma a espaldas del constituyente primario, se distorsiona la pertinencia social que debería caracterizar a una institución como la Universidad Distrital al permitir bajo el sofisma de impulsar la investigación, la articulación con entidades privadas lo cual ya ha significado en otras universidades públicas del país la supeditación a los intereses de dichas entidades, como por ejemplo se evidencia en el sector de la explotación de hidrocarburos, en el que diversas empresas de carácter transnacional utilizan la investigaciones desarrolladas para continuar usufructuando los recursos naturales dejando a su paso nefastas consecuencias a nivel ambiental, social, político y económico a lo largo y ancho de la geografía nacional.

En síntesis tal y como se menciono algunos párrafos atrás, asistimos a la taylorización de la Universidad Distrital, es en plena coherencia con este proyecto deformativo de la educación que aparece la perversa intencionalidad de diseminar facultades y carreras -especialmente las licenciaturas- en la medida que se responde a un modelo en el que cada pieza que compone una estructura debe ceñirse a su especificidad olvidando su relación con la totalidad de la que hacer parte, en términos prácticos, lo que se quiere es resquebrajar el tejido social de la Universidad para contrarrestar la posibilidad de acciones coordinadas ante el atropello que constituye la reforma impuesta. En este punto es claro que nos encontramos en un contexto que hace parte de unas tensiones que se expresan a nivel mundial entre quienes producen la riqueza social y quienes la detentan, razón que explica el claro sello de clase existente en el diseño de modelos educativos por parte de las élites del capitalismo quienes cuidadosamente se aseguran por mantener la condiciones de subalternidad para el mantenimiento y reproducción del status quo[5].

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2. En la cotidianidad se naturaliza el absurdo:

Este apartado lo dedicaremos para hacer referencia a tres situaciones diferentes que se enmarcan en la cotidianidad de la Universidad Distrital que aunque puedan parecer dispersas poseen una matriz transversal que dilucidaremos en las siguientes líneas. De esta forma el primer caso tiene que ver con la remodelación de la sede Macarena A, donde la pedagogía del taladro se expresa con mayor literalidad. En efecto, desde hace varios meses el día a día al interior de las clases en la facultad se ve acompañado por los tormentosos estruendos de la maquinaria pesada requerida para la intervención física de los edificios de la sede, situación que a todas luces contradice las condiciones mínimas necesarias para un optimo proceso de aprendizaje ya que dificulta la concentración, produce malestares a nivel auditivo y neuronal, además, la tierra y el polvo generado por el accionar de la maquinaria constituye un serio peligro para el sistema respiratorio, entre otras dificultades. Visto de esta forma, es absolutamente reprochable que las clases se tengan que dar en condiciones tan adversas si tenemos en cuenta que todo este asunto estriba en la pésima planeación con respecto al crecimiento y adecuación de las necesidades de la Universidad sumado a la negligencia de los estamentos administrativos para quienes pareciese no importar lo denigrante que resulta esta situación con tal de ver materializada la facultad de vitrina de la que tanto rebuznan. No debemos perder de vista que en la actualidad aún no ha culminado la segunda de las tres etapas de intervención planeadas para la sede aún cuando según su proyección debía ser el semestre en curso el plazo máximo para la culminación de la remodelación, ello además de los problemas de hacinamiento y dispersión como le sucedió a las carreras de pedagogía infantil y lengua castellana, traerá consigo millonarias multas ante el incumplimiento de los cánones de ejecución de la obra que tendrán que ser pagadas con rubros de la Universidad, es decir, con la platica que todos y todas depositamos vía impuestos al sistema tributario, no obstante, más desconcertante resulta aún que estudiantes y docentes hayamos asumido este oprobio sin mayor objeción.

El segundo caso a mencionar tiene que ver con formas de utilización de los espacios a manera de dispositivos de control de las conductas. Ejemplo de ello resulta las disposiciones emanadas desde el Plan Institucional de Gestión Ambiental (P.I.G.A)[6] que entre otras medidas vienen desarrollando campañas con fuertes connotaciones patriarcales evidentes en consignas tales como: “¡la puntería es un deporte pa’ machos!”, como se puede apreciar en unos stickers pegados en los baños de la Universidad para hacer referencia al uso de los sanitarios, confundiendo un mensaje sencillo y fresco con la reproducción de un discurso encerrado en la retardataria lectura bimodal de la sexualidad que afianza estereotipos contrarios a un centro académico que posibilite el pleno ejercicio de la pluralidad. Lo anterior no es fortuito si se tiene en cuenta que bajo el discurso de la “contaminación visual” se viene desarrollando una agresiva persecución a la expresión estudiantil que se manifiesta plasmando sus ideas en murales como se evidencia en el caso del ala sur en la sede Macarena A, donde mediante el blanqueamiento de las paredes (en cuestión de horas o días) se envía el mensaje implícito de que el único lugar permitido para hacerlo es el comedor del edificio y sus alrededores siempre y cuando se encuentre en el marco de lo políticamente aceptable; además, hay que señalar que las empleadas de servicios generales tienen la estricta orden[7] de quitar cualquier tipo de afiche, publicidad, etc., que no corresponda al marco institucional, cuestiones que fácilmente nos llevan a concluir que la discusión sobre el carácter estético que se daba en torno al uso de las paredes sólo es una cortina de humo que esconde el verdadero debate de fondo: la disputa entre lo que es válido o no pensar/expresar dentro de la Universidad.

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Un tercer caso es bastante reciente, data del viernes anterior al receso de “Semana Santa”. Para este día fueron programadas una serie de actividades culturales por parte de Bienestar Institucional en el marco de una jornada que según sus organizadoras buscaba generar reflexión en torno al consumo de licor y psicoactivos al interior de la Universidad, debate que no pierde vigencia en tanto no sólo pone en tela de juicio el carácter de la institución, sino también, convoca a discutir sobre los procesos de jibarización y paramilitarización. No obstante, lo que parecía ser una pertinente acción terminó siendo la justificación de un proceder policivo representado en las fuertes requisas para ingresar a la Universidad que no estuvieron exentas de altercados como el que pudo presenciar quien escribe estas líneas en el que un celador no titubeo en retar a un estudiante con las palabras: “¿Cómo fue pirobo hijueputa?”. Todo este proceder se encontró ambientado con un cartel ubicado en la entrada de la facultad que, palabras más palabras menos, buscaba justificar las requisas en el marco del evento cultural, sin embargo, ¿No debería ser la cultura un agente que contribuya a la apertura de los linderos de la Universidad a la ciudad entera y no al contrario? Paradójicamente, además de que la medida no contribuyó a contrarrestar los niveles de consumo de un viernes “habitual” en la facultad, todo el despliegue organizado por Bienestar Institucional tristemente contrastaba con la imagen de una actividad paralela organizada por estudiantes de Ciencias Sociales, quienes ante la carencia de un apoyo real por parte de la Universidad para sacar adelante una salida de campo que tienen programada, han tenido que buscar por su cuenta los recursos económicos. En este punto valdría la pena preguntarse: ¿Por qué existe dinero para eventos de entretenimiento y no para salidas de campo?, ¿De qué bienestar estamos hablando?

En todas las tres situaciones descritas en este acápite se encuentra presente la pedagogía del taladro mediante la desidia que nos ha invadido cotidianamente agujerando nuestras conciencias y despojándolas progresivamente de los más básicos sentimientos de empatía, identidad y pertinencia hacia la Universidad. Pero además de ello, nos hemos convertido en agentes de su reproducción haciendo que las situaciones más absurdas sean parte de la normalidad, de nuestro paisaje cotidiano.

3. Encuentros y distancias:

Para finalizar este escrito queremos hacer referencia a algunos de los diferentes procesos de convergencia que se han gestado recientemente entre estudiantes, docentes y trabajadoras en torno a la coyuntura actual. Términos como Consejo Estudiantil, Multiestamentaria, Democratización UD, Coordinadora Estudiantil, entre otros, seguramente no son desconocidos para quienes leen este escrito debido a que a pesar de las críticas que puedan tener lugar, es innegable que hacen parte del crisol de expresiones que han contribuido a tener lo poco o mucho que tenemos al día de hoy en lo concerniente a concientización y movilización de la comunidad universitaria en clave de las problemáticas que nos aquejan.

Sin embargo a pesar de los esfuerzos, ¿Por qué aún somos tan pocas y en la mayoría de ocasiones somos las mismas quienes nos encontramos en estos espacios?, ¿Por qué podemos influir para que la gente se movilice pero se nos dificulta que construya junto a nosotras?, estas y otras preguntas deben hacer parte de nuestro itinerario reflexivo si realmente queremos construir una Universidad distinta al esperpento proyectado en los acuerdos 008 y 009, ya que no podemos seguir justificando la miopía política con la posición autocomplaciente en la que son las demás quienes tienen la culpa por no estar “politizadas”. Con esto no estamos negando la existencia de esta problemática, lo que realmente queremos decir es que a las activistas nos falta profundizar mucho en la otra cara de la moneda, es decir, nuestras propias falencias, las cuales en vez de invitar a construir en ese inmenso mar que es la comunidad universitaria lo que hacen es apagar la chispa de lo que podría ser un gran incendio.

Por eso, además de la constante autocrítica y revisión de nuestras acciones y proyectos emprendidos, tenemos la impostergable tarea de abandonar, y ojalá para siempre, esas dañinas prácticas como la vanguardia o la imposición de agendas particulares al interior de los procesos amplios, a su vez, tenemos que perder el miedo a la incertidumbre y ser lo suficientemente revolucionarias como para abandonar los lugares comunes y dar paso a la posibilidad de tejer verdaderas alternativas. Ante la imposición de la pedagogía del taladro tenemos que anteponer la pedagogía de la esperanza[8] de la que hablo en su momento Freire como un imperativo existencial e histórico. En definitiva, creemos que la apuesta debe ser materializar una consigna sencilla de enunciar pero difícil de practicar: La construcción de otra Universidad tiene que ser una tarea participativa, colectiva y desde abajo. Será de esta manera o no será.

¡Arribas las que luchan!

Grupo Estudiantil Anarquista – GeA UD

[1] El uso del femenino en este escrito es intencional, lo empleamos para referirnos a las personas. 

[2] Haciendo referencia a las propuestas de reforma diseñadas a espaldas de grueso de estudiantes, docentes y trabajadoras.

[3]Ver al respecto: VEGA, Renán. Capitalismo y despojo. Perspectiva histórica sobre la expropiación universal de bienes y saberes. Bogotá, Colombia. (2013).

[4] Nos referimos a la cultura política en la que se asignan cargos ya bien sea por cercanías de orden personal o como una manera de pagar favores políticos realizados en el pasado o en vísperas de realizarse. 

[5]Ver al respecto: DIETRICH, Heinz. Globalización y educación: La ideología. http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/ceconomia/article/viewFile/13267/20474

[6] Mayor información: http://comunidad.udistrital.edu.co/piga/

[7] Según nos comento una de ellas salvaguardando su anonimato. 

[8] Ver al respecto: FREIRE, Paulo. Pedagogía de la esperanza. Disponible en: http://archivosociologico.files.wordpress.com/2011/03/freire-paulo-e28093-pedagogc3ada-de-la-esperanza.pdf

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