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¡PONGÁMONOS LA 1, 2, 3, 4, 5….HASTA LA 10!

(El uso del femenino en este escrito es intencional, lo empleamos para referirnos a las personas). 

La Universidad Pedagógica Nacional atraviesa hoy por un periodo de transición importante, sugerente, de ruptura y aparentemente diferente a los demás, al cual creemos, se debe observar detenidamente prestándole toda la atención posible. Acabamos de salir de un periodo rectoral mentiroso, amañado en sus decisiones, de espalda a la comunidad universitaria, autoritario, cómplice de los distintos vejámenes a los que fueron expuestas diferentes compañeras de lucha como profesoras amenazadas o exiliadas, trabajadoras con abusos laborales y una indignante persecución a quienes estuvieran en desacuerdo con las decisiones impuestas; aspectos que no eran para nada ajenas a nosotras, las estudiantes, con amenazas, detenciones en colaboración con la vigilancia privada de la universidad, pérdida de la vida de indelebles compañeras, pasando por el ingreso arbitrario de la policía a los predios de nuestro campus en un fuerte proceso de persecución y criminalización del Movimiento Estudiantil que hoy por hoy recordamos sin conformidad al mínimo olvido; desembocando finalmente en las precarias condiciones para estudiar que tanto caracterizan a la universidad pública en este país, las cuales con el pasar de los días y al calor de la lucha constante se apuntalaron en desbordantes e impajaritables demandas que hoy en día se mantienen.

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La dinámica cambia y ante la llegada de una nueva administración, estamos todas expectantes frente a cada uno de sus movimientos, pensamientos y palabras que intervengan en nuestra cotidianidad y perspectivas que puedan incidir en el movimiento estudiantil de la universidad.

Si bien es cierto – hay que reconocerlo- que quien es delegado para ser el rector de la educadora de educadores, ha sido un personaje inmerso en las diferentes dinámicas por las que la misma ha atravesado con el pasar de los años, viéndolo respaldar y algunas pocas veces, la verdad sea dicha, acompañar algunos de los procesos organizativos de nosotras las estudiantes. Por otro lado algunas estudiantes hemos tenido la oportunidad de ver clases con él, y de esto modo acercarnos al bagaje cultural y político de sus ideas; es decir, no es, como en las demás ocasiones, un personaje ajeno a la comunidad, digno de repudio y fiel acompañante de las políticas neoliberales que adolecen hoy a las diferentes universidades Públicas en nuestro continente.

Su bienvenida, acompañada de nuestro ingreso al nuevo semestre académico, ha estado cargada de un desbordante entusiasmo que ha tocado en distintas proporciones a quienes hacemos parte de la universidad, que van desde la errada mirada mesiánica de que su llegada es la salvación para todos nuestros problemas, hasta la indiferencia que aún así, no logra alejarse de nuestra realidad. Para combatir esta indiferencia, una de las propuestas que más ha llamado la atención a los miembros de la comunidad universitaria, es la invitación que nace en un primer lugar en el seno de la organización de algunas estudiantes para renovar o promover la estética de las paredes, y fachadas del campus universitario llamada “pongámonos la 10 por la universidad”, que luego, articulada a la campaña de la nueva administración se convierte en “pongámonos la 10 por la universidad que queremos”, la cual convoca a toda la comunidad universitaria a pintar los muros de blanco dándole el toque de pulcritud y estética parisina que muchas demandaban desde hace ya un buen tiempo; además, una jornada de murales de las distintas organizaciones e individualidades que permitirían la creación de comités o coordinaciones democráticas para el desarrollo de nuestra libertad política y artística, aunque esto solamente fuese posible en lugares asignados o determinados por ellas. Tal propuesta ha tenido una enorme acogida tanto en profesoras, como trabajadoras y estudiantes, se respira un aire entusiasta y superficialmente liberador que da la impresión como si de la noche a la mañana toda hubiese cambiado de lugar y todos los problemas que nos preocupaban ya no existiesen. Pero ¿será esto tan cierto?

Pongámonos la 1…

Tener un espacio ameno para llevar a cabo nuestras actividades académicas y políticas es un aspecto importante. Sin embargo, el debate, la construcción colectiva, el apoyo mutuo, la solidaridad efectiva y la lucha continua, deben ser los pilares de nuestro quehacer revolucionario, en este caso, dentro del Movimiento Estudiantil.

Que no sean las paredes blancas, ni mucho menos la estética – de carácter subjetivo – motivo de apaciguamiento y olvido de la realidad sociopolítica concreta en la que está inmersa nuestra educadora de educadores, en un país donde el neoliberalismo ha logrado con el pasar de los años inmiscuirse en cada uno de nuestros espacios de construcción y lucha, llegando al punto, incluso de dominar hasta nuestras propias vidas – de carácter objetivo -.

Por esto, ponerse la 1, es no permitir que las paredes, además de las fachadas de nuestra universidad sean quienes determinan nuestro quehacer como futuras docentes y académicas revolucionarias de este país, todo lo contrario debemos permitirnos tener una mirada amplia de la realidad, realizando no sólo lecturas claras frente a la coyuntura, – como nos lo pide el profe Atehortúa en uno de sus discursos – sino también saber hacer lectura de los cambios a corto mediano y largo plazo, visualizando absolutamente todas las propuestas estructurales que necesita y merece la universidad Pública en Colombia.

Pongámonos la 2:

Pongámonos la dos para construir espacios organizativos desde la base, dejando de lado la mala costumbre sustentada en que las demás hagan y por añadidura deshagan con nosotras y nuestro futuro. Ponernos la 2 para nosotras significa sostener todos los esfuerzos y el entusiasmo que desborda hoy nuestra universidad para organizarnos más allá de unas paredes, valdría la pena empezar a preguntarnos ¿cuál sería el espacio idóneo de encuentro para discutir las problemáticas estructurales de la universidad? Así por ejemplo, desde nuestra propuesta palpable, construir espacios amplios de discusión como lo son los Consejos estudiantiles, que permiten no sólo discutir las temáticas y problemáticas que nos aquejan diariamente, sino también el darle un viraje propositivo y transformador a nuestro contexto.

Lo anterior lo debemos lograr nosotras mismas, con nuestro compromiso, nuestra autonomía, siendo nosotras quienes construyamos y realicemos nuestras propias agendas, metodologías, acciones, movilizaciones o si se quiere nuestros cronogramas, siempre desde abajo, para exigir las condiciones justas a quienes están ahora, pero nunca olvidando a quienes han estado siempre arriba. En ese sentido ¿Qué quiere decir la construcción de consejos estudiantiles desde abajo? más allá del discurso, nada más y nada menos que una expectativa de sociedad por fuera de lo directamente institucional, una filosofía social capaz de resolver los problemas con creatividad y crear coyunturas, una praxis que no debe negarse cuando cambian los malos vientos por buenos, una iniciativa de construir con el estudiante de a pie, el que no tiene que almorzar, el que prefiere las fotocopias en vez de la empanada, el que se fuma el “porro” en la calle del pecado, el que dejó de creer en mesías, representantes o directivos, el que cree en una transformación ya sea de carácter autoritaria y jerárquica o desde el poder popular, con el estudiante que nunca pensó en ser profe y se convenció, o el desempleo en Colombia lo convenció. Por eso, somos nosotras quienes debemos darle el rumbo a nuestras vidas, pues dirigentes hay muchas, conciencia, autonomía y compromiso es lo que nos hace falta.

Pongámonos la 3:

Para nadie es un secreto que nuestra universidad está bastante deteriorada, el hacinamiento es una condición objetiva innegable, la falta de oportunidades y apoyos estudiantiles para quienes no tienen cómo sostenerse durante los periodos académicos son precarios, la búsqueda incansable por herramientas aptas para nuestro aprendizaje y organización estudiantil como video beams, televisores, sonido, micrófonos, etc. es ya una horrible situación que se nos ha hecho costumbre.

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Ponerse la 3 significaría entonces exigir en todos los momentos y escenarios pertinentes que el presupuesto que se otorga a nuestra universidad sea para construir una educación digna que promueva la formación de personas transformadoras, con claras ambiciones políticas en un país devastado en todo el sentido de la palabra. A su vez, que este presupuesto sea empleado de la mejor manera en términos de infraestructura y demás condiciones que harían que este, nuestro segundo hogar, se construya cada día más allá de la simple estética.

Pongámonos la 4:

Pongámonos la 4 por algo que hemos dejado aparentemente en el olvido perpetuo: la pedagogía como campo del saber y La dignificación docente. Somos hijas del conocimiento, del aprendizaje, del diálogo de saberes y por tanto, debemos pasar a la práctica con ello. Pongámonos la 4 para exigir primero, unas admisiones dignas, donde las compañeras que ingresan por primera vez a nuestra universidad tengan como mínimo el derecho a enterarse en los tiempos correctos, además el cuándo, dónde y cómo son las respectivas pruebas específicas e igualmente las entrevistas para su ingreso, no como ha pasado en los últimos semestres, donde las comunicaciones por parte de la universidad hacia ellas son deficientes, haciendo que muchas pierdan la oportunidad de pasar estas pruebas. La pregunta que uno debe hacerse por mínima decencia es ¿Quién responde por los aspirantes?, ¿En donde se pone la queja para recibir una respuesta seria? ¿Qué controles existen para que esto no vuelva a suceder?
Pongámonos la 4 para quitarnos de encima la vergüenza de saber que estamos en la educadora de educadores que realiza contratos despiadados con sus profesoras, hasta llegar al punto de que varias de ellas deban migrar de aquí para conseguir mejores oportunidades laborales en otros espacios académicos. Si somos las docentes del mañana ¿Porqué no ponernos la 4 por nuestras compañeras y nuestro futuro? Ahora bien, ponerse la 4 también implica poner un alto en el camino a aquella iniciativa de los cursos para no licenciados que impulsa la universidad constantemente, clavándonos el puñal nosotras mismas siendo partícipes y/o cómplices de una situación que denigra nuestra profesión, pues es bien sabido por todas que ser docente no es una cuestión de hacer un par de cursos. Aspecto que se debe a la paupérrima financiación que recibe nuestra universidad y con la cual se ve obligada a estas vergonzosas salidas para conseguir recursos propios.

Pongámonos la 5:

¿Qué tal si en lugar de que se despilfarraran los recursos de la universidad, nos pusiéramos la 5 para exigir que las salidas pedagógicas sean una de las prioridades de nuestra formación académica política? Las experiencias que estas nos ofrecen como personas y estudiantes hacen parte también de nuestra construcción como docentes, pues es la oportunidad de conocer de cerca, de poder palpar y observar con nuestros propios ojos las condiciones sociales, políticas, económicas, ambientales, etc., que padece actualmente este país. Y es ahí donde debemos estar nosotras, en la acción, en la solidaridad efectiva y el apoyo mutuo con nuestras comunidades hermanas. Es ahí donde nuestros argumentos se fortalecerán para la construcción de un mejor mañana. Pongámonos la 5 para pensarnos la educación desde los barrios, los territorios, las comunidades y la Universidad

Pongámonos la 6:

El Movimiento Estudiantil y demás organizaciones gremiales han caído constantemente en radicar luchas específicas acorde a sus intereses particulares. Hoy, la realidad debe ser otra, que la unidad sea la que cobije día a día nuestras luchas, impulsando nuestro carácter revolucionario en todos los aspectos donde nos encontremos. Por esto, ponerse la 6 significa fortalecer la comunicación entre nosotras mismas, dialogando, discutiendo y proponiendo alternativas de transformación. Ponerse la 6 significa además robustecer la comunicación con los demás estamentos de la comunidad universitaria, con las trabajadoras y profesoras en un tono siempre fraternal y solidario, para que la lucha de unas sea siempre la lucha de todas, rechazando siempre una comunicación unidireccional, luchando por no recaer en los vicios tácticos y estratégicos de organizar la gente por decreto.

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Pongámonos la 7:

Construir la universidad que queremos, debe inducirnos a estar siempre con los pies en la tierra. La universidad de la alegría para nosotras va más allá de los murales que mal o bien estéticamente podemos realizar en nuestros periodos académicos; en nuestro caso, la universidad que queremos sería una universidad libre del señalamiento y persecución política a la que hemos sido víctimas gran parte de las estudiantes. Hemos tenido que ver tristemente cómo se amenazan, se exilian y hasta ver caer compañeras valiosas para el movimiento estudiantil; pero es más triste aún, saber que la apatía y la indiferencia son las más fieles acompañantes en situaciones como estas.

Por lo anterior, ¿Cómo hacer una universidad que queremos sin las condiciones verdaderas y dignas de participación política?, ¿Sin una visión maniquea de las distintas perspectivas políticas que hacen parte de la universidad? Una participación política que bien o mal se ha venido luchando desde el 2011 con la caída de la reforma a la Ley 30, pero que en las actuales condiciones tiene que ser una bandera desde y para el estudiantado, contra la nueva ministra de educación Gina Parody, que ya en el 2008 demostró su carácter policivo contra las estudiantes, específicamente de la Universidad Distrital, pero que luego se expandió a todas las Universidades publicas. Desde luego, ponerse la 7 es respetar la diversidad de pensamiento y de posturas, ponerse la 7 significa para nosotras exigir las veces que sea necesario las condiciones dignas para hacer política sin miedo a ser calladas.

Pongámonos la 8:

Los mecanismos de participación política dentro de nuestra universidad, es bien sabido por todas, no son los mejores. Un caso concreto, que es necesario traer hoy a colación, es que a pesar de que el nuevo rector de nuestra universidad, obtuvo la mayoría de votos por parte de las estudiantes votantes, no fueron ellas o nosotras quienes lo elegimos. El rector es elegido por nueve personas que conforman el Consejo Superior, quienes no son en su mayoría miembros de la comunidad universitaria – como debería ser- sino representantes de distintos sectores de la sociedad como lo son: el sector productivo, el ministerio de educación, de la presidencia, de la gobernación de Cundinamarca, de las profesoras, ex rectores, egresadas, estudiantes y funcionarias académicas, las cuales cada una tenía derecho a un voto; es decir, los más de mil votos de los estudiantes a favor del profesor Atehortúa, contaban con tan sólo un voto en el Consejo Superior al momento de la elección del mismo. Entonces, no deja de ser bastante limitada la forma en que se elige el rector de nuestra universidad. Teniendo en cuenta lo anterior hacemos el fuerte llamado a ponernos la 8 para rechazar vehementemente esta realidad que hoy, pudo ser para alegría de muchas, pero que en el pasado nos ha afectado de manera contundente – no podemos olvidarlo –y que en 4 años nos volverá a afectar de igual o de peor forma.

Pongámonos la 9:

Pongámonos también la 9 para estudiar ampliamente las necesidades reales de nuestro campus. Reconocer las fallas del pasado, entender el presente y construir con compromiso nuestro futuro, debe ser una ardua labor ¿Cómo exigir al gobierno o a la administración si no conocemos nuestras propias necesidades? Por tanto, pongámonos la 9 para estar alertas de la situación diaria de nuestro entorno, pongámonosla no sólo para exigir que nos den cosas y herramientas desde arriba, sino para que desde el conocimiento de lo propio seamos capaces de autodeterminarnos sin esperar que un mesías llegue a salvarnos y a mostrarnos el camino iluminado de nuestra emancipación. Ponerse la 9 debe ser también tarea de todas al ser conscientes de nuestro compromiso revolucionario que adquirimos desde el primer momento que ingresamos a la universidad Pública, una oportunidad que no se debe desperdiciar, pues habrá muchas detrás de nosotras que quisieran aprovecharla a favor de una real transformación.

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Elegir el número 9 para jugar por el cambio, implica para la Universidad y para nosotras estudiar, analizar y tomar posición frente a un puñado de intenciones de la nueva política pública esbozadas en diferentes documentos como: 1)Tras la excelencia docente”, publicado por la Fundación Compartir, el cual cree traer unas fórmulas mágicas para alcanzar un alto estándar de calidad y excelencia en los docentes, partiendo de comparaciones con países como Canadá, Finlandia, Singapur y Corea del Sur, negando la historia, junto con la realidad de la educación en Colombia. Este documento desde sus inicios desconoce a nuestra universidad y a lo largo de sus páginas prácticamente la vemos eliminada del panorama educativo de las siguientes generaciones. 2) “Acuerdo por lo superior 2034: propuesta de política pública para la excelencia de la educación superior en Colombia en el escenario de la paz”. Publicado por el Consejo Nacional de Educación Superior (CESU), el cual refleja la política educativa neoliberal. 3) “Todos por la educación el cual fue incentivado por la Fundación Compartir, la organización Empresarios por la Educación, diferentes universidades privadas y ONG´S, que para ocultar su arbitrariedad, se disfrazó de evento amplio y gratuito, en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, para hacerse ver como legítimos ante la opinión pública. Dicho proyecto lleva como bandera la falaz frase “Gran Acuerdo Nacional por la Educación”, negando la participación de los sectores populares en la construcción de una política pública de educación.

Pongámonos la 10, por la universidad que queremos:

En este apartado recogemos las anteriores propuestas, no sin antes recordar que la construcción de la universidad que queremos debe hacerse desde abajo, desde nosotras las estudiantes junto con las trabajadoras de a pie y no desde arriba como comúnmente suele hacerse y a lo que estamos acostumbradas.

En este caso, la invitación es a enarbolar las banderas de la defensa y lucha por la Universidad Pública y su autonomía, pongámonos la 10 hoy, ya mismo, pues detrás de las dinámicas locales que tenemos hoy en nuestra universidad, nos espera una ardua lucha en lo nacional. Así que trabajo, más allá de las paredes, hay mucho. El compromiso debe desbordar las dinámicas coyunturales.

 Pongámonos entonces la 10 por la universidad que queremos.

 ¡Arriba las que luchan!

 Grupo Estudiantil Anarquista.

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