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¡Contra las violaciones ni un paso atrás!

Un sentimiento de profunda indignación recorre nuestras venas a raíz de un reciente episodio de violencia sexual -violación- acontecido el viernes 19 de Septiembre del año en curso en las instalaciones de la Universidad Distrital, sede Macarena. En efecto, alrededor de las nueve y media de la noche una compañera sufrió en carne propia la violencia contra la mujer que desafortunadamente se ha instalado en la cotidianidad del mundo en que vivimos a razón del cavernario y retrograda supuesto que otorga a los hombres un pretendido estado de supremacía frente a las mujeres. Esta concepción se encuentra ligada estructuralmente al ordenamiento jerárquico de las sociedades capitalistas en las que se fetichiza[1] a manera de mercancía todo aquello que alcance sus tentáculos; incluidos los seres humanos.

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Es por ello que como organización asumimos la necesidad ética y política de pronunciarnos frente a estos hechos recalcando nuestro compromiso en contra de todo tipo de dominación, y por ende, nuestro carácter antipatriarcal y antisexista. Consideramos que es sumamente importante llevar esta postura en todos los ámbitos en los que se desenvuelven nuestras vidas puesto que no es posible construir una sociedad para la libertad y la solidaridad mientras que la explotación encubierta de “casos aislados” sigue siendo una desgraciada realidad hoy en día. Enarbolar las banderas del anarcofeminismo significa para nosotras no sólo combatir la agresión física, además, es luchar en contra todas aquellas formas de violencia de carácter más “sutil” que van desde el piropo en la calle hasta el sometimiento en las relaciones familiares, laborales, etc. Estas cuestiones representan para la gran mayoría de mujeres que habitan el planeta la reproducción cotidiana de su doble explotación[2] compuesta de manera interdependiente tanto por su condición sexual como por su posicionamiento de clase social.

Frente a los nefastos hechos que inspiran estas letras se han difundido mediante el voz a voz múltiples y hasta antagónicas versiones que darían cuenta de lo acontecido, no obstante, independientemente de las circunstancias que acompañaron este caso de violación es para nosotras absolutamente incuestionable que nada justifica un suceso de esta categoría como se ha tratado de “argumentar” desde algunos sectores de la comunidad universitaria. Muestra de lo enunciado son las afirmaciones como: “¿pero ella qué hacía en la universidad a esa hora?”, o, “seguro estaba borracha”, entre otras, que cínicamente no se han hecho esperar junto con el espíritu policíaco de algunas personas para las cuales la solución se haya en contratar más vigilancia privada, la solicitud de carné para el ingreso a la universidad y la instalación de torniquetes en las entradas[3]. Estos discursos no atienden la raíz del problema, y por el contrario, descargan la responsabilidad de los hechos en las mujeres. Además de ello, ocultan las verdaderas discusiones que nos deberían abocar como por ejemplo: ¿En qué tipo de sociedad nos encontramos para que esto sea posible?, y, ¿hasta qué punto somos todas responsables del actual estado de las cosas? En este marco no es de extrañar la ineficacia que hemos tenido como comunidad universitaria para responder con contundencia frente a este caso de violación resaltando por su inoperancia el papel de las administrativas quienes además del nebuloso rumor de una investigación en curso y la expedición de un lelo recetario de medidas restrictivas y autoritarias[4] no han aportado en nada en la atención de este hecho.

Finalmente, queremos extender un fraternal espaldarazo a todas aquellas individualidades y colectividades que desde sus posibilidades han emprendido acciones de visibilización de esta problemática. Sin embargo, exhortamos a toda la comunidad a trascender del plano de la denuncia llevando la discusión a cada una de las aulas de clase, concejos estudiantiles y otros escenarios. De igual forma, a forjar sólidas redes de apoyo que permitan rodear a la compañera y a cualquier persona que sea objeto de una agresión de este tipo en su proceso de recuperación no sólo con vicisitudes de orden económico, psicológico y demás que se puedan presentar, sino también, ante cualquier intento de retaliación en su contra. Paralelamente a ello, como integrantes de una facultad que tiene su epicentro en el quehacer de la docencia tenemos que desplegar una función pedagógica en nuestras casas, barrios, lugares de trabajo, y en definitiva, en todo lugar donde sea posible erigir una educación que contribuya a develar los motivos reales de nuestras condiciones de explotación – en este caso sexual- y de esta forma contribuir a su colectiva resolución.

Contra la violencia machista: organización y acción anarcofeminista

Se siente, se escucha: ¡Arriba las que luchan!

Grupo Estudiantil Anarquista- GeA

[1]          Ver al respecto: MARX, Karl. Manuscritos de 1844.

[2]          Ver al respecto: VEGA, Renán. Capitalismo y despojo.

[3]          Un paneo de estas posiciones se puede realizar consultando los comentarios de varias personas en la pagina de facebook “Cóndor me la suda”.

[4]          Circular de las directivas académicas y administrativas de la facultad de ciencias y educación distribuida en la sede Macarena el día Viernes 26 de Septiembre. Nos referiremos a ella en otro escrito en próximos días.

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