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¿Anarcofeminismo social? ¡Justo y necesario!

Sin título

A la memoria de Beatriz Sandoval que como fuerte
llamarada calcina los preceptos del tiempo encendiendo
los corazones de quienes combaten el oprobio.

En la actualidad, hablar del papel de las mujeres en nuestras sociedades contemporáneas puede parecer un lugar común en el que todo ya está dicho, así pues, no es de extrañar las alusiones recurrentes al respecto en los medios masivos de comunicación, pasando por las apuestas de promoción en organizaciones sociales y ong’s, hasta las múltiples expresiones de política pública que han ido asentándose en distintas administraciones gubernamentales con el paso de los años por tan sólo mencionar algunos ejemplos. Empero, a pesar de lo que podría llegar a pensarse, las condiciones de vida para miles de mujeres a lo largo y ancho de la geografía planetaria distan enormemente de poder considerarse como dignas y equitativas, ya que al igual que hace siglos, las mujeres siguen siendo objeto de cosificación, o, en palabras de Olga Blázquezparece que las mujeres cada vez conquistan mas espacios sociales y políticos ,y, sin embargo, la trampa es que, para conquistar dichos espacios, existe una condición: la condición consiste en no dejar de ser mujeres.1

Es a partir de lo enunciado anteriormente que desde el Grupo Estudiantil Anarquista vemos como una impostergable necesidad ahondar en estos debates articulando los presupuestos teóricos con la praxis de la inagotable paleta de manifestaciones de los movimientos sociales, del tal manera que, nuestro interés no es engrosar las filas del academicismo petulante que se sirve de manera mezquina de la situación de las mujeres para sostener desde la distancia un estilo de vida acomodado de turismo internacional mediante charlas y conferencias, o ,la soterrada justificación de puestos burocráticos en alguna institución. En realidad, nuestro móvil se encuentra arraigado en la promoción de reflexiones que contribuyan a transformar las prácticas y relaciones que sostienen el orden vigente que se caracteriza por el control de nuestros cuerpos, y en general, de nuestras vidas. Para ello, en esta oportunidad abordaremos de manera muy somera algunos elementos históricos que han configurado la opresión hacia las mujeres, además, del porque reivindicar lo que hemos denominado el “anarcofeminismo social” como una apuesta política propia en dialogo con los movimientos sociales. Sin más preámbulo, entramos en materia:

I.Génesis de la opresión:

Si bien es cierto que al realizar un rastreo podríamos evidenciar que la opresión hacia las mujeres precede por mucho al desarrollo del sistema capitalista como ya ampliamente se ha documentado encontrándosele presente en los cinco continentes, no obstante es también una certeza, que para este sistema ha sido un pilar fundamental la explotación sexista como mecanismo de reproducción y permanencia.

En este sentido, son claros los aportes del profesor Renán Vega2 al caracterizar la situación de las mujeres al interior del capitalismo bajo una lógica que las somete a la dependencia expresada de variadas formas. Una de ellas es la óptica del determinismo biológico según el cual se ha arraigado la idea de que en términos laborales la naturaleza de las mujeres responde a los quehaceres que implica el trabajo domestico, paralelo a ello y de manera conexa, se afirma que otra de las condiciones que constituyen a las mujeres es su papel en la reproducción y cuidado de futuras generaciones. Además, la lógica de la dependencia terminar de ceñirse sobre las mujeres cuando también entra a controlar sus deseos, afectos y formas de expresar ámbitos tan propios como lo es la sexualidad.

Como puede inferirse a partir de esto es posible afirmar que si el sistema capitalista funciona bajo los preceptos del despojo -y no podría ser de otra manera-, la situación de las mujeres ha sido un correlato de esta dinámica ya que la cosificación de la que han sido y son objeto las ha despojado de autodeterminarse según sus aspiraciones, y por el contrario, las constriñe a unos rígidos y autoritarios cánones que designan lo que es ser mujer. Cuestión que a la larga en vez de mejorar con el transcurso del tiempo ha terminado por afincarse en lo más profundo de las estructuras sociales por más que los discursos liberales traten de maquillarle dispersando la atención con las “victorias parciales” que gozan las mujeres, ya que en el fondo la dependencia sigue estando presente y ahora se acentuá con las condiciones laborales que deben afrontar.

De esta forma, junto con el papel separatista de las mujeres ligado al hogar que aún persiste , ellas deben asumir una división sexual de otras aristas del trabajo que funciona igualmente de manera diferenciada. Así pues, esta separación se desenvuelve según los sexos de manera tal, que existen unos trabajos para hombres y otros para mujeres que además de ello, se encuentran organizados de manera jerárquica siendo denotados con mayor importancia los asignados a ellos mientras que las mujeres siguen ocupando un escalón más bajo. Esta noción se encuentra íntimamente ligada a un fenómeno de orden histórico en el que lo femenino ha sido remitido al ámbito de lo privado, razón por la cual, supuestamente se justificaría la ausencia de un reconocimiento social comparado con las labores del hombre que de manera maniquea responderían a la esfera pública.

En ese sentido, cobra vigencia retomar a Olga Blázquez cuando nos interroga alrededor del porque el hincapié que se ha hecho por establecer determinadas conductas en especial para las mujeres, nos dirá ella:

¿Pero qué es ser femenina?, ¿quien define lo femenino?, ¿qué prácticas son propias de lo femenino?, y, lo que es más importante, ¿por qué resulta urgente feminizar ciertos cuerpos?. La respuesta es sencilla: los cuerpos que se salen del patrón impuesto por el patriarcado heterosexual son peligrosos. Para el heteropatriarcado feminizar es dominar.3

II.La respuesta desde los feminismos:

Queda intacto aquello que criticas
si además no lo combates.
Folie a trois

Ahora bien, dado lo profundas que son las raíces de la opresión hacia las mujeres y la diversidad de manifestaciones que las mismas adquieren, no es de extrañar que no podamos hablar de un feminismo en singular sino de feminismos en plural, puesto que los enfoques son bastante variopintos según el énfasis que se le de con respecto a los móviles y caracteres de dichas opresiones que dado lo extenso de la temática no desarrollaremos en esta oportunidad. Empero, una breve mirada a lo que ha sido la historia de los feminismos hasta nuestros días permite evidenciar que no resulta descabellado afirmar que la mirada que ha prevalecido en este campo es la del feminismo liberal que dado su desarrollo especifico tiene un fuerte raigambre en una mirada europea4 ligada al pensamiento moderno en el que prevalece las reivindicaciones individuales, la propiedad privada, la democracia y los derechos civiles.

Esta mención es importante tenerla en cuenta ya que es el punto de partida por el cual nosotras como organización consideramos que esta perspectiva del feminismo resulta insuficiente para responder a la complejidad del problema, y en muchas ocasiones, ha contribuido a reforzarlo y perpetuarlo. Coincidimos con Victoria Aldunate cuando menciona que:

No hay feminismo sin el cuerpo. Los discursos aguantan demasiado, donde realmente pasan cosas es cuando se siente y se piensa, es un proceso completo, no separado como se nos enseña. Las mujeres muchas veces hacen feminismo sin saberlo, y cuando se da cuenta que lo hacen entienden que no han descubierto nada sino que se han encontrado consigo mismas, porque en el fondo el feminismo es eso, es el encuentro colectivo. El desarme de la violencia estructural y del colonialismo interno sólo es posible desde lo colectivo, distinto a las resistencia individuales que en la vida son muchas, las que pueden ser beneficiosas o dañinas para el propio cuerpo, pero que se transforman en rebeldía sólo cuando se hacen colectivas.5

III.¿Anarcofeminismo social?:

Luchemos: para que todos los caminos sean otras tantas
puertas que logren conducirnos a la misma esperanza.
Fernando Soto Aparicio

Intrínsecamente ligado a lo expuesto en el apartado anterior, aparece lo que nosotros hemos denominado “anarcofeminismo social” como una apuesta política propia como ya se había mencionado que tiene de “innovador” – si es que puede considerarse como tal- la especial atención que se dedica al ámbito colectivo, entre otras cosas, distanciándonos de las perspectivas individualistas tan de boga hoy en día para las cuales el anarcofeminismo no pasa de ser un estilo de vida que convive alternamente con el capitalismo sin presentarle mayor amenaza.

Sin embargo, antes de ahondar un poco en esta cuestión, dedicaremos unas breves líneas para explicar porque del encuentro entre el feminismo y el anarquismo pensando principalmente en todas aquellas personas que nunca hayan tenido un acercamiento con esta propuesta.

Esta articulación nace como resultado lógico si se tiene en cuenta como señala Peggy Kornegger6 que el anarquismo le aporta al feminismo una perspectiva radical que aboga por la supresión de toda autoridad, un rescate por la armonía entre el desarrollo individual de cada persona y su responsabilidad con el entorno colectivo mediante una interesante formula en el que existe cabida tanto para la espontaneidad como posibilidad creadora y la organización como necesidad para la construcción social. A su vez, el feminismo entra en dialogo con el anarquismo al darle un carácter relevante al cuestionamiento de lo que la visión masculina ha hecho del mundo, sus instituciones. y en general, todas las relaciones que le son propias como se puede constatar en casos como la denuncia de la familia nuclear como instancia primigenia de reproducción del paradigma de la obediencia. Visto desde esta perspectiva, adquiere importancia tejer los postulados del feminismo con los del anarquismo puesto que posibilita una lectura radical más allá del reformismo controvirtiendo la autoridad en su más pura expresión.

En coherencia con ello, consideramos necesario hacer hincapié en el carácter social del anarcofeminismo puesto que un proyecto que se pretenda realmente antiautoritario no tiene posibilidades de materializarse al menos en sus aspiraciones finalistas si no va de la mano de las múltiples expresiones de los movimiento sociales. Es retomar la máxima bakuniana de la libertad de unas en la libertad de todas, por tal motivo, la liberación -incluidas las condiciones de explotación de las mujeres- son un medio y un fin al mismo tiempo que tienen como escenario de combate en el aquí y en el ahora. El anarcofeminismo social por lo tanto, busca poner en dialogo y en pie de lucha no sólo a las mujeres, sino al basto campo de quienes son explotados y explotadas alrededor del mundo como lo son campesinas, indígenas, estudiantes, trabajadoras, entre otras, que tienen como común denominador las cadenas que les impone el capitalismo y la necesidad de otro mundo en el que la existencia no sea un privilegio.

Es por todo esto que desde el Grupo Estudiantil Anarquista más que un recetario para la liberación de las mujeres lo que proponemos es ahondar tanto en las causas que posibilitan su opresión como las formas de superarla que van de la mano con las apuestas de otros sectores sociales. De lo que se trata es que las mujeres puedan autodeterminarse como bellamente lo recoge la poetiza mexicana Rosario Castellanos en el fragmento #12 de su poema titulado “Misterios gozosos” que dice así:

El que busco mi mano
para cortar racimos,
deje mi mano suelta
sin fruto y sin anillo.
El que llamó a mi cuerpo
para nacer, se calle.
No ponga en mi cintura
la guirnalda de madre.
Adiós, adiós los nombres,
las máscaras, la casa.
Yo no soy, yo no soy
más que un pequeño cauce amoroso del agua.7

1BLÁZQUEZ,Olga. ¿Dónde quedó la lucha política por nuestros cuerpos?.

2Ver al respecto: VEGA,Renán. Capitalismo y despojo. Impresol ediciones. Bogotá, Colombia. (2013)

3BLÁQUEZ,Olga. Op cit.

4Ver al respecto la entrevista realizada a Julieta Paredes titulada La medida del feminismo comunitario son las luchas y la memoria.

5ALDUNATE,Victoria. Feminismo y perspectiva de clase.

6KORNEGGER,Peggy. Anarquismo: La conexión feminista.

7CASTELLANOS,Rosario. Poesía no eres tú. Fondo de cultura económica. Mexico. (1995).
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