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¡A las calles con rebeldía!

ALasCallesConRebeldía“El derecho de rebelión es sagrado, porque su ejercicio es indispensable para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la mariposa al romper el capullo que la aprisiona; rebeldía, grita la yema al desgarrar la recia corteza que le cierra el paso; rebeldía grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol; rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar las entrañas maternas; rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar a tiranos y explotadores”.

Ricardo Flores Magón (1910). El derecho de rebelión. México: Regeneración.

Ciento ocho años después del grito de rebeldía hecho por Flores Magón en México, nosotras hacemos el llamado de movilizarnos ¡a las calles con rebeldía! Esa rebeldía es atribuida no sólo a las jóvenes, sino, a toda la clase popular. Un grito de justa lucha por los derechos que generaciones anteriores lograron establecer y hoy nos arrebatan. Al enfrentarlos hemos amenazado su comodidad, su rutina, sus beneficios, por ello intentan dividirnos en la práctica y el discurso, nos han llevado a enfrentarnos con nuestros compañeras, amigas, familiares y vecinas; condenando públicamente a las rebeldes y glorificando a las instauradores del “orden”, las dueñas del poder y su violencia.

Es a partir de las últimas jornadas de movilización donde nos han dado un puñal de doble filo, la creación de un debate no implícito por parte de los grandes medios de desinformación sobre el uso de la violencia en las movilizaciones, un debate que hoy ha permeado todas las conversaciones cotidianas. Es de doble filo porque, por un lado, nos han intentado fracturar como movimiento estudiantil (interpelando a su vez a la ciudadanía en general) entre las que apoyamos la acción directa en todas sus expresiones y las “sin violencia”, que condenan pintas, rayones, grafitis o cualquier manifestación visual de resistencia que invada la propiedad privada, al igual que toda acción de defensa ante el ataque de la fuerza pública. Y por el otro, porque es este mismo, el debate, el que nos ha permitido confrontar el pacifismo acomodado y defender toda acción de rebeldía, desde lo institucional o no, ejercer nuestro derecho a la desobediencia civil, y así unificar los distintos movimientos sociales, siendo más fuertes y defensivas ante la opresión estatal. Nosotras proponemos el debate, pero solo los hechos nos han dado la razón.

Los ataques físicos y psicológicos de los aparatos represivos estatales no distinguen si eres de las personas que gritan “sin violencia”, “estamos desarmadas”, “¡re-sis-tencia!” o sin “sin clemencia”, nos atacarán por igual. La evidencia son los hechos: primero estudiantes encerrados en almacenes tras la amenaza sistemática de la policía y el ESMAD, luego tres compañeras arrolladas durante una manifestación, sin olvidar el ataque a la congregación de manifestantes porque las marchas deben ser legales y por los andenes para no incomodar. Se les olvida que marchar se constituye como una acción directa que violenta la cotidianidad de las desinteresados u oprimidas, incomoda, indigna, ofende; gritar “sin violencia” en una manifestación parece casi una contradicción que desconoce la naturaleza misma del acto subversivo que supone salir y apropiarse de las calles. La credulidad ramplona que ha supuesto que se puede disputar el futuro de la educación superior marchando por los andenes, con rutas establecidas y sin alterar el orden público, ya no tiene cabida.

Si la orden desde que salen del cuartel es dispersar, oprimir, castigar la desobediencia civil, maquillando su accionar en derechos humanos y protocolos que nunca cumplen, las nuestras deben ser las pintas, grafitis, pimponazos, remodelación de oficinas bancarias, que les hagan saber que nosotras no confundimos al enemigo, que la pintura se borra, pero las compañeras no vuelven y sino, recordemos a Beatriz Sándoval, Óscar Salas, Nicolás Neira, Jhony Silva, Miguel Ángel Barbosa… y la cuenta no termina.

Lo realmente preocupante es que las estudiantes identifiquen como violencia las acciones de las personas que se rebelan en contra del Estado y no al Estado en sí mismo. Este sistema busca homogeneizar toda acción de protesta, creando oposición a expresiones de indignación o incomodidad, quejarse por redes sociales siempre ha sido permitido, pero las acciones de presión, que suponen una confrontación real y donde se muestra la verdadera indignación son castigadas sin mediar palabra.

Como estudiantes, trabajadoras, oprimidas, debemos tener claro que el verdadero terrorista es el Estado, que deja morir pobres en las puertas de los hospitales, que realiza concesiones con empresas privadas para robar miles de millones, que deja sin recursos a las instituciones de educación superior públicas, que, por medio de los medios de comunicación, tergiversa la información, ocultando, mintiendo y señalando a las personas que se levantan contra las injusticias. Terrorista el Estado que, por medio de sus gobiernos, impone impuestos sin consultar, impone un salario mínimo miserable e indigno.

Construimos las calles por las que nos movilizamos, algunas paredes en las que pintamos, todo esto nos pertenece. A diferencia de los bancos que nos roban, las instituciones estatales que nos ignoran a diario, las cadenas radiales y televisivas que nos desinforman, los almacenes de cadena y grandes empresas que crean carteles y monopolios para darnos en la cabeza con precios altos cada día; es por ello que son el objetivo de la rabia e indignación de los rebeldes, se les manifiesta directamente, con una pinta u otras acciones, el rechazo a sus actividades diarias de explotación, sus pérdidas momentáneas son irrisoriamente bajas a las ganancias que les ocasionamos todos los días.

De esta manera ni las estudiantes, ni las campesinas, indígenas, afrodescendientes, trabajadoras, -y en general-, las clases explotadas, somos terroristas, salimos a las calles para denunciar y exigir, justicia y libertad.

“Uno de los esclavos toma un periódico y lo lee: es un periódico libertario. En él ve cómo el rico abusa del pobre, sin más derecho que el de la fuerza y la astucia; en él se ve cómo el gobierno abusa del pueblo, sin otro derecho que el de la fuerza. El esclavo piensa entonces, y acaba por concluir que, hoy como ayer, la fuerza es soberana, y consecuentemente con su pensamiento, se hace rebelde.  A la fuerza no se le domina con razones: a la fuerza se le domina con la fuerza”.

Ricardo Flores Magón. Ibid.

¡En las calles, trochas y vías construimos, en las calles, trochas y vías nos manifestamos!

¡Arriba las que luchan!

Grupo Estudiantil Anarquista

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